La terapia E.M.D.R. es un enfoque psicoterapéutico para tratar las secuelas del trauma psicológico. Utiliza la estimulación hemisférica bilateral, ya sea mediante movimientos oculares, o con sonidos o toques alternos.
El EMDR conecta con las emociones pasadas consiguiendo la regulación emocional del paciente intervenido. Además, el EMDR moviliza el sistema innato de procesamiento de la información para transformar las percepciones almacenadas de modo disfuncional.
EMDR es guiado por el modelo del procesamiento adaptativo de la información de Shapiro. Este modelo teórico explica que un incidente particularmente angustiante puede quedar congelado en el tiempo en su propia red neural, incapaz de conectar con otras redes de memoria que contienen información adaptativa.
El síntoma es el resultado de una experiencia traumática no procesada, la cual se almacenó en las redes de memoria en forma desadaptativa. Ante situaciones presentes pueden generarse asociaciones «estímulos disparadores» que desencadenan afectaciones a nivel cognitivo, emocional y/o somático. Mediante los protocolos de EMDR procesamos el trauma que dio origen y podemos hacer que en el presente el síntoma desaparezca.
La eficacia de EMDR en el tratamiento del trauma ha sido demostrada en diferentes estudios y es una técnica basada de la evidencia científica. Los movimientos oculares empleados en EMDR se correlacionan con un efecto desensibilizador, con un incremento en la actividad parasimpática y con una reducción del arousal psicofisiológico.
Todo lo que se ha ido proponiendo como protocolos o como intervenciones en EMDR se han ido sometiendo a verificación empírica. Tanto el protocolo estándar como los que son asignados a diferentes trastornos psicológicos están científicamente validados. Numerosas investigaciones controladas aleatorizados sobre Terapia EMDR muestran su eficacia clínica. Esta eficacia se puede comprobar en diferentes metaanálisis y revisiones científicas.
El uso de los movimientos oculares es uno de los apuntes más intrigantes y esto ha despertado muchísimo interés en muchos equipos de investigación concluyendo que los movimientos oculares, son un ingrediente activo y añaden un plus de efectividad a la terapia. El tratamiento con EMDR es un abordaje complejo, del cual los movimientos oculares sólo son un elemento.
En función de las hipótesis explicativas sobre la eficacia de EMDR podemos distinguir tres grandes categorías en función de su implicación en diferentes procesos:
1. Implicación en la memoria de trabajo: la competición en recursos favorece una degradación del recuerdo volviéndolo menos emocional y vivido, por lo que otorga al paciente una sensación de distancia del evento traumático.
2. Implicación de la atencional dual en los cambios psicofisiológicos en el organismo, favoreciendo una reducción del arousal mediante la activación del sistema nervioso parasimpático.
3. La implicación de los movimientos oculares en los estudios de neuroimagen consiguiendo una restauración del control cortical especialmente de regiones frontales, sobre estructuras subcorticales hiperactivadas del sistema límbico como la amígdala.
La mayoría de los resultados de los trabajos señalan que la terapia EMDR es efectiva en el trauma, a la hora de reducir los síntomas del TEPT y la ansiedad.
La evidencia científica se refiere a la eficacia de los ensayos controlados en un contexto de investigación, o bien a la efectividad en la práctica clínica o sobre la eficiencia en cuanto a número de sesiones realizadas ante un resultado exitoso. Realmente lo más importante es saber si funciona o no y luego explicar por qué funcionan. Una cosa es saber si un tratamiento funciona y en qué medida funciona y otra cosa es saber por qué funciona. Por ejemplo, la desensibilización sistemática cuenta con cinco hipótesis alternativas para explicar por qué funciona. Es por esto por lo que no se puede descalificar el EMDR porque no sepamos del todo por qué funciona, hay muchos medicamentos que no sabemos por qué funcionan de la misma forma que hay muchas terapias psicológicas que no sabemos por qué funcionan.
El EMDR es una terapia relativamente novedosa que cuenta con ensayos controlados y estudios en las últimas dos décadas y se refleja en las guías de práctica clínica más importantes (American Psychological Association, APA y Australian Psychological Society, APS). A pesar de ello, es necesario incrementar el número de investigaciones, sobre todo en otras áreas a parte del TEPT. Incluso Shapiro aseguraba en el 2009 que no había suficiente investigación de EMDR para intervención temprana.
La APA en 2013 mostró un apoyo fuerte al EMDR pero en la actual 2017 aparece como técnica recomendada. Posiblemente en los próximos años volverá a destacar su eficacia y para ello es necesario seguir aumentando evidencia científica. De hecho, en su Guía Clínica par el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) refiere la posibilidad de impulsar la técnica EMDR en sucesivas revisiones.
El EMDR es una terapia orientada al trauma y siendo el trauma un concepto transdiagnóstico, puede ser aplicado a otros trastornos y no solo a trastorno de estrés postraumático o trastorno de estrés agudo. Aun así, sobre otros trastornos tenemos menos evidencia que con trastorno estrés postraumático.



