Mujer sentada en la playa cubriéndose el rostro con las manos, simbolizando la evitación emocional y la introspección

La trampa sutil de la evitación

Todos hemos estado ahí. Ese rincón incómodo al que preferimos no volver, esa escena que quisiéramos borrar o enterrar bajo capas de ocupaciones y nuevas historias. Nos decimos que es mejor pasar página y seguir adelante, pero la vida rara vez funciona así de fácil.

La evitación es un atajo que, aunque tentador, suele salir caro. No solo nos protege del dolor; también nos desconecta de la alegría, de la vitalidad, de la intensidad de sentir. Al cerrar las puertas a las emociones difíciles, sin darnos cuenta, también cerramos las ventanas por donde entra la luz.

¿Pero qué es exactamente la evitación?

En algún momento fue un salvavidas. Un mecanismo de protección que surgió cuando no era el momento adecuado para enfrentarlo todo. Quizá la vida era demasiado abrumadora, quizá eras demasiado joven para sostener ciertas verdades. Entonces, evitaste. Cerraste la puerta. Y funcionó… durante un tiempo.

El problema es que, mientras la evitación nos protege del sufrimiento, también nos va robando la capacidad de sentir placer, entusiasmo, conexión. A veces se manifiesta como ese vacío sordo que aparece cuando alguien nos pregunta qué nos hace ilusión y no sabemos qué responder. O como esa desconexión sutil que nos hace sentir como si ya no fuéramos del todo nosotros mismos.

La evitación no grita; susurra, y lo hace tan despacio que apenas notamos su avance.

¿Y qué podemos hacer? Lo contrario de lo que dicta el impulso.

No se trata de lanzarse de golpe al dolor, sino de aprender, poco a poco, a tolerarlo. Con suavidad. Como quien aprende un idioma nuevo, balbuceando al principio. Tal vez eso signifique dejar el móvil sobre la mesa cuando la incomodidad asoma. O permitirnos recordar, aunque sea brevemente, aquello que evitamos. Quizá implique contar nuestra historia a alguien que pueda escucharla sin prisas.

No hay prisa. No hay “deberías”. Solo la conciencia, creciente y paciente, de que aquello que evitamos no desaparece, pero puede transformarse si dejamos de huir.

Y quién sabe… tal vez, al otro lado, nos espere no solo el dolor, sino también la alegría más honda.


Si algo de esto te ha resonado, quizá sea buen momento para empezar a escuchar esos susurros que has estado esquivando. No hace falta resolverlo todo hoy. A veces, basta con un pequeño gesto de honestidad hacia uno mismo.

Cuando estés listo, la vida seguirá ahí, esperándote con toda su gama de colores.

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