El dolor crónico es mucho más que una dolencia física: es una condición persistente que afecta cuerpo, mente y espíritu. El dolor crónico afecta a millones de personas en todo el mundo. No solo desgasta el cuerpo: también erosiona la mente, perturba las emociones y puede desconectar a la persona de su sentido vital. La reacción más habitual es replegarse, aislarse y perder el disfrute de la vida. Pero el retiro no siempre alivia: muchas veces, amplifica el sufrimiento.
Cuando el dolor se instala, el cuerpo tiende a contraerse como forma de autoprotección. Paradójicamente, este mecanismo puede intensificar las señales de alerta que se envían al cerebro, aumentando la percepción del dolor. En ese intento de no sentir, muchas personas acaban desconectándose también de su vitalidad. El pensamiento negativo toma el control: “no puedo más”. Así comienza una carrera hacia soluciones rápidas… que rara vez funcionan.
Más allá del síntoma: el impacto del dolor en la salud mental
Quienes viven con dolor crónico a menudo llegan a consulta convencidas de que no hay esperanza para ellas. Sin embargo, la psicoterapia puede ofrecer una vía distinta: no para eliminar el dolor de inmediato, sino para aprender a relacionarse con él desde otro lugar. Escuchar el mensaje detrás del síntoma y reconectar con el cuerpo abre nuevas posibilidades para vivir con más conciencia y menos sufrimiento.
En su trabajo, Zeidan realizó un estudio con personas con asma y las dividió en dos grupos: un grupo meditaba durante cuatro días durante 20 minutos al día, y el otro grupo pensaba que estaban meditando cuatro días durante 20 minutos al día, pero en realidad no lo estaban haciendo. Lo que mostró la investigación fue que el grupo que en realidad estaba meditando esos cuatro días encontró que su nivel de dolor se redujo en un 40 %, y el otro grupo que pensaba que estaban meditando todos los días, pero en realidad no lo estaba (grupo placebo) su dolor se redujo en un 24 %. Y lo más interesante, ¡los pacientes con morfina solo reducía su dolor en un 20%! Puedes ver el vídeo del propio Zeidan explicando su estudio en https://www.youtube.com/watch?v=OLQJJDrbj6Q .
En resumen:
- El grupo que meditó redujo su dolor en un 40 %.
- El grupo placebo lo redujo en un 24 %.
- En comparación, la morfina solo logró un 20 % de alivio.
Este hallazgo desafía la lógica médica tradicional. En un contexto de epidemia por opioides la atención plena emerge como un recurso eficaz, accesible y sin efectos secundarios.
Meditación y EMDR: dos caminos complementarios hacia el alivio
La atención plena ha demostrado ser una herramienta poderosa para modular la experiencia del dolor. Sin embargo, cuando el sufrimiento físico está entrelazado con traumas pasados, bloqueos emocionales o memorias implícitas, la meditación por sí sola puede no ser suficiente. Es aquí donde la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) puede convertirse en un complemento terapéutico esencial.
El EMDR permite acceder a redes de memoria traumática que pueden estar amplificando o incluso originando el dolor. Al reprocesar esas experiencias, muchas personas reportan una disminución significativa del dolor físico, junto con una liberación emocional profunda. En este sentido, la combinación de meditación y EMDR no solo calma el sistema nervioso, sino que también ofrece una vía para integrar emocionalmente lo que el cuerpo ha estado sosteniendo en silencio.
- La atención plena ayuda a la persona a estar presente, escuchar su cuerpo y tolerar mejor las sensaciones.
- El EMDR aborda el origen del trauma y facilita una transformación más profunda y duradera.
Este abordaje dual permite no solo reducir el dolor, sino también restituir la conexión con uno mismo: el cuerpo deja de ser enemigo y vuelve a ser casa.
El cuerpo como guía:
Una de las herramientas más valiosas para trabajar con el dolor desde la psicoterapia es el Focusing. Esta técnica invita a observar las sensaciones físicas con un lenguaje descriptivo —no valorativo— para que el cuerpo pueda expresarse sin censura.
En lugar de decir “esto es horrible”, el paciente aprende a nombrar: “punzante”, “ardiente”, “helado”, “hormigueante”… Este cambio en el lenguaje abre un espacio de observación sin juicio, clave para salir del bucle dolor–contracción–huida.
Desde ahí, es posible iniciar un diálogo con el dolor a través de preguntas como:
- ¿Qué quiere mostrarme esta sensación?
- ¿Qué necesita para suavizarse?
- ¿Qué parte de mí se manifiesta a través de este dolor?
- ¿Cómo se sentiría mi cuerpo si esto se resolviera?
Muchas personas experimentan alivio o incluso liberación parcial del dolor al practicar este enfoque. Además, pueden aflorar traumas antiguos alojados en el cuerpo que, una vez reconocidos, pueden ser elaborados terapéuticamente.
Una mirada integral para una realidad compleja
Es esencial en psicoterapia aprender a leer las sensaciones, acompañar el proceso emocional y comprender cómo el trauma puede alojarse en el cuerpo a través del dolor.
El dolor no tiene por qué vivirse como una condena. Con herramientas adecuadas, es posible habitarlo con más conciencia, comprender su origen y disminuir su impacto. Como terapeutas, podemos ofrecer algo más que resignación o anestesia: podemos ofrecer presencia, escucha y transformación.
¿Sufres dolor crónico y buscas otra forma de relacionarte con él?
En consulta, trabajo desde un enfoque integrador que combina el cuerpo, las emociones y la historia personal. Si sientes que el dolor ha tomado demasiado espacio en tu vida, quizás sea el momento de escucharlo de otra manera.
Agenda tu primera sesión aquí https://www.doctoralia.es/pilar-segura-redondo/psicologo/las-rozas-de-madrid .



