Nuestra cabeza no para de pensar, de generar ideas y expectativas. Y sobre todo, estamos llenos de expectativas. En general, todo lo que me ronda en la cabeza, genera una acción o una expectativa. Nuestra mente no para. Y es la fantasía, la idea más distorsionadora, esta fantasía puede ser catastrófica o
anastrófica. Pero siempre se tiene una tendencia fantasiosa. La Gestalt, es fundamentalmente la terapia del «Darse Cuenta» aunque realmente todas
las terapias tienen de algún modo, algo de respuesta a este principio socrático «Conócete a ti mismo».
La neurosis es un oscurecimiento de la conciencia. Cuando nacemos, estamos abiertos, sin juicio y evaluación a toda la realidad y según vamos creciendo, vamos anulando esa conciencia y filtramos o percibimos determinadas cosas que nos rodean. Anulamos conciencia para poder desarrollarnos, de lo contrario, nuestra mente sería algo parecido a la esquizofrenia. El oscurecimiento de nuestra conciencia, esta enajenación es inevitable.
Y es que la enajenación es internalizar lo externo, hacerlo nuestro. Pero quizá, puede que nos vayamos enajenando en exceso y por eso debemos aprender a recuperar lo que perdimos por el camino, deshacer un poco el camino, en nuestro desarrollo evolutivo.
Incluso nuestro cuerpo acompaña este oscurecimiento de conciencia, esta neurotización y nuestras enfermedades psicosomáticas reflejan también esta neurosis.
El psicoanálisis valoró este oscurecimiento de conciencia y su metodología consiste precisamente en «bajar al sótano» o acceder al «pozo», a nuestro inconsciente, un inconsciente enterrado por la cultura.
Fritz Perls (creador de la terapia Gestalt) dio nombre a su terapia, como la «terapia del darse cuenta» aunque inicialmente lo llamó «terapia de concentración», es decir, concentrase en lo que está pasando. Debido a que la palabra concentración implica algo de tensión, se trasladó a la idea de «darse cuenta».
Darse cuenta es permitirse estar con lo que está ocurriendo, proviene de la palabra inglesa awareness (conciencia situacional), significa estar alerta, con los ojos abiertos, no tanto como una concentración. Y el oscurecimiento neurótico limita o anula nuestros sentidos y sensaciones corporales.
La terapia Gestalt tiene la finalidad de volver a recuperar el aparato sensorial y con unas características específicas. No se trabaja tanto el quiero ser sino, de que forma me distraigo, «qué hago yo en esto que me está pasando». Y es que cada uno de nosotros tiene en si la clave de nuestra conciencia, no es necesario un técnico, somos nosotros los que tenemos la clave, no el otro, no el terapeuta. Quebramos la neurosis cuando elevamos a lo consciente la idea de me está pasando esto pero me he ido a esto otro. El darse cuenta es empezar a mover lo de dentro (mis pensamientos y fantasías) y lo de fuera (lo que realmente está pasando), es recuperar lo que se nos quedó por el camino.
Darse cuenta no es sinónimo de ser feliz, es conciencia, también de nuestra parte oscura.



