Los enemigos interiores de la creatividad son una especie de sensibilizadores de la experiencia (Lo que pasa dentro o fuera y en algún momento se desensibiliza y me distrae) y se engloban en 3 tipos: el miedo, el control y la vergüenza:
Miedo
El miedo está al servicio de la vida. Tiene que ver con el SNA y el nervio vago. Este sistema va buscando la seguridad. Cuando estamos seguros contactamos con experiencia que nos vienen a relacionarlo. Buscamos la seguridad en el tono de voz y en los gestos de la cara. Por ejemplo, cuando hay una turbulencia en un avión, miramos a la tripulación de la cabina para ver si están tranquilas.
La respuesta del miedo ante una situación límite es de lucha o huida (se enfrenta o se va). Y tanto una como la otra son respuestas sanas. También se pueden activar las respuestas de congelación en situaciónes extremas para nuestra supervivencia.
Ante el miedo cuando se vuelve patológico, podemos echar mano de un antídoto: la osadía, la valentía y el coraje. “Esto me está pasando contigo y te lo quiero decir muy bien”.
El miedo está en el cuerpo: me encoge en culo, me incomoda, siento frio en el cogote y lo puedo nombrar y por eso a veces no lo quiero encontrar. Lo primero es reconocerlo y nombrarlo y una vez que lo puedo nombrar vamos a echar mano de la osadía y basta abrir la puerta un poquito.
Necesito decirlo, lo que me está pasando contigo y no te lo puedo decir. Cuando abrimos la puerta al miedo, echamos mano de la OSADIA.
Control
El control tiene algo de absurdo porque aborta la inocencia. Son las orejeras del caballo y del burrito: nos perdemos. Puede aparecer como frustración. Lo primero que hay que hacer es reconocerlo y echar mano es el antídoto que es fluir con la corriente. Ponerlo en actitud de principiante, de observador. Poder invocar esta actitud de principiante, recuperar la ignorancia, qué puedo hacer y si hay resultado, esté bien y si no, está bien también. El antídoto es la INOCENCIA
Vergüenza.
Cuando estamos más abiertos a la experiencia, contactamos con nuestra propia sensibilidad. Al cerrar las compuertas rompemos el hilo de oro que contacta con nuestra sensibilidad y poesía.
Aprendemos que nuestra sensibilidad es indigna y es rechazable como lo experimento en el pasado. La vergüenza cierra las compuertas. La vergüenza corta ese hilo conector con la vulnerabilidad. El antídoto es la EXPOSICION. Por ejemplo, exagerar nuestra tartamudez, ponernos en el centro y exhibir los sonrojes. Con la exposición recuperamos la vida y nos dignificamos.



